30.12.10

Zepol por María José González













¿Podremos llamarlo Lopecito?





¡Nace de nuevo! Junto con esa luz de las 6 de la tarde sobre el respaldo del sillón; un planeo amplio de un pájaro negro a través del universo; el olor a café recién hecho; la primer flor abierta de una begonia; el sonido de estruendo de una risa; lo fresco de las madrugadas de cielo azul con naranja y amarillo.
Brota con la luna llena ahí arriba, como hecha de ojos testigos para no lastimar; los perros durmiendo al sol; los abrazos fuertes; las miradas del amor; un abrir y cerrar de manos que llaman a la otra para caminar; la pequeñez que inspiran los cerros; la brisa nocturna en cualquier esquina, pronunciando al verano.
Retorna cada vez, con lo comprendido y perdonado; cada ¿bailás?; los besos con desesperación; el vuelo de las faldas siguiendo la música.
Fluye esparcido con cada comienzo espeluznante; las canciones infinitas; esa urgencia en la voz del que llama para volver a verse; la poesía de sangre y semen o la candidez de una guitarra criolla.
Nace de nuevo!
Brota!
Retorna cada vez!
Fluye esparcido!
Así, en barricadas.
















María José González