16.9.09

¡Presente compañero López!

Cuando Ivan Ferreyra, escritor cordobés, me invitó a participar de una movida recordatoria por Jorge Julio López no podía negarme, ya sea por razones personales o políticas. Ivan me escribió “Creo que los escritores tenemos que estar juntos en esto”. Por supuesto que tiene razón. Yo siempre soñé que un mundo mejor es posible y que siempre se puede hacer algo para lograrlo. Pienso que Jorge Julio López también pensaba así antes que lo secuestraran por segunda vez.

Entonces pienso que la escritura me permite seguir soñando con ese mundo mejor, porque la literatura va dirigida al universo sensorial del cerebro y eso produce una modificación en el imaginario del lector que va a modificar o reafirmar ideas; o en todo caso, que lo llevará a soñar o a replantear interrogantes; pero que, de una manera u otra, hay algo que se incorpora en el cerebro a partir de la imaginación. Me niego a aceptar las fuerzas oscuras que nos vienen del pasado y que tratan de robarnos todavía algunos de esos sueños que con tanto sacrificio nos costó construir. La democracia siempre fue uno de mis sueños y como ya lo decía en los años 60 y fines de los 70, prefiero la peor de las democracias a la mejor de las dictaduras. Y hoy que la tentación golpista busca ganar ese espacio de nuevo no tenemos que olvidarnos del ejemplo que nos dejó Jorge Julio López.

Yo vivo en Francia desde la época de la dictadura, pero soy argentino, y eso no significa para mí ser solamente originario de allí sino también una opción de vida, por eso me negué siempre a sacar la doble nacionalidad. En Córdoba está mi pasado, mis raíces, y para mí es muy difícil desprenderme de eso. Yo leo casi todos los días los diarios argentinos, y escribo escuchando por Internet alguna radio argentina.

Me digo que yo seguiré escribiendo libros, porque el libro no es solamente una simple acumulación de páginas paridas por la imaginación de un escritor solitario detrás de su computadora. El libro es siempre un testimonio para romper silencios e interpelar a otros sobre cualquiera de los temas que tocan a la sociedad: desde el amor a la guerra, desde lo excepcional a lo cotidiano, desde los sueños a la realidad, y no importa si el libro es íntimo o abierto. Escribir no es nunca una actitud inocente.
El compañero López se lo merece así como todos los otros desaparecidos. Nosotros los escritores también debemos estar presentes en un recordatorio de esta naturaleza.

Juan Carlos Alarcón

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