16.9.09

La espada del albañil

“-Compadre quiero morir decentemente en mi cama
Federico García Lorca

En la sala de un septiembre infectado de premoniciones, con el susurro siniestro de las Furias abre su presencia y es como la noche el apellido innombrable del represor. Fue comisario general de policía de la provincia de Buenos Aires, donde se convirtió en la mano derecha del general Ramón Camps. En virtud de su cargo, fue responsable de 21 campos clandestinos de detención que funcionaron en la mencionada provincia, en los que fue visto reiteradamente. Entre estos se encontraron el Pozo de Quilmes, el COT1 Martínez y la División Cuatrerismo de La Plata (Arana). También fue responsable por la "Noche de los lápices”. Juzgado por tormentos en 91casos probados para orgullo de un pueblo y para vergüenza del mismo liberado según las leyes de punto final y obediencia debida por la cobardía de los jefes políticos de turno.
Entre las imágenes de ese septiembre, los medios eligen la de un demonio senil casi perdonable durmiéndose manso en paralelo al otro asesino el de la cruz capellán de los ofidios. Esto sería asombroso si al tiempo de desaparecido, el albañil no se viera como se vio a los coroneles mediáticos cavar la tumba de Jorge Julio López sin cuerpo presente, para olvido de lo que ya no era rentable como noticia y hasta peligroso para quienes sostuvieron desde sus tribunas electrónicas o graficas la lógica del exterminio.
Pero es imperdonable y ofende el filo de la espada cualquier concesión al olvido y a la impunidad.
¿Dónde trabaja el albañil desaparecido? ¿En qué ojos ya cerrados por la corta memoria de los medios de comunicación mete su cuchara el albañil desaparecido? Hasta el fondo la cuchara del albañil reventando instrumentos analógicos, el hígado de los contratistas del odio, la mano de obra desocupada que ha decidido tapar el sol con un dedo, cerrar filas al rededor del monstruo dormido placidamente en la sala del Tribunal Oral Federal
No.1 de La Plata. El tribunal que le otorga el derecho que negó con furia a miles de cristos desenclavados y vueltos a clavar por un obispo de acero.
¿Cuántos andamios baja y a qué infiernos, con su baldecito de arena y su gorra encantada por el pasado a bailar en silencio la danza de la tortura? ¿Cuál es la huella definitiva que en la estructura de la mentira imprime el desaparecido? El albañil recién derribado en este septiembre de leche negra, zumo maldito del olvido. Allí esta en silencio el albañil. Todo silencio. Grita el silencio, en rectángulos de cenizas de lo que fuera la belleza de los hombres y mujeres cantando que vencerían. ¿Ese hombre entabicado, hombre cal y ampollas vivas en las manos esta todo silencio navegando el lecho de un río? ¿En qué asamblea de huesos partidos como los mástiles de las banderas argumenta por los pobres del mundo? Tan dulces las banderas que en la torre de los sueños retorcían el dolor de un país para cuatro que animaron su orgía en las profundidades de la iniquidad y el terrorismo de estado. ¿Por qué ese estado como una sombra como un desesperado reptil, rompe el pecho de esta nación nueva y se come los huevos, la cría piando desesperada por un futuro sin hambre? Un futuro justo, digno de dignidades que le exploten a la palabra promesa y la astillen de cristales venenosos y se desborden como lava arrasando los campos de la soja donde banderillea el niño ahogado en glifosato, los bulevares donde vende el taco de su zapato la piba de 14, el supermercado donde se negrea al muchacho, la gran panza de las madres desnutridas, el mutilado pie de los trabajadores. ¿Y es acaso el cadáver del albañil ya desentabicado el que sulfura las aguas de la piedad clamando por justicia? Justicia sin venda en los ojos, porque hay algo peor que la injusticia y es la justicia sin su espada. Porque cuando el bien no es el Poder, es el mal.

Marcelo Dughetti

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