16.9.09

Heidegger conoció a mi madre

Una de las peores cosas de no existir jamás es que no participas de las discusiones de moda, de fútbol y de política. No te piden opinión sobre los presidentes; no cuentas tu visita a los neo-pogroms chinos. Yo quiero todo. Deseo decirle al mundo que a me gustaría conocer Moscú y Addis Abbaba. Que toda la vida quise usar un traje celeste de Tom Ford, corbatas azul eléctrico de Fendi y el uniforme de los All Blacks.
Pero soy un ser imaginario. Un sueño con ideas de sueños. Si alguien preguntase, diría que habría querido quitarme la ropa más seguido, no necesitar anteojos, tocar el corno francés. Desearía comprobar la leyenda de los quinientos leones que custodian el tesoro de tres mil años de Semerkhet en el cuerno de Somalia.
Todavía busco protagonizar algo. Ser, por ejemplo, el botín de Gighia en el minuto 79 del 16 de julio de 1950. O el corazón de un montañista español al coronar un K-9. Las manos de Rachmaninov. La pluma de Rilke, un latón de pintura de Pollock. Las cejas de Groucho Marx.
Así, esencial, uno es la totalidad de las cosas. O sea, un campo finito (o infinito) desconocido. Yo pasé por la vida como una idea que olvidaron de inmediato. Un buen día me fui o me sacaron y ya ni recuerdo qué era. Pude haber sido el amor, el plano de un puente sobre el río Napo, la rácana indiferencia, el instante que precede a la vida o a la muerte, que es el mismo. Quizás estuve en el cerebro de un delfín.
El problema de quienes fuimos o somos una idea es no tener a quien contarlo: el asunto no es ser, es ser nada.
El asunto de ustedes, los mortales, digo yo, no es andar vivo por la calle. Es la memoria. Nos pierden y se pasan la vida buscándonos. Mis respetos y envidia por eso. Yo puedo ser agua y quiero ser humo y hasta mi gato podría recrearme, pero no sé a qué huelen una tila de la Cañada, las chimeneas de Campana, la humedad, el aliento de un beso. Del Paraná me contaron que sabe a surubí. Para mí ambas palabras suenan tan bien como Kenzo, foie gras, Bahá’u’lláh y matambre al roquefort.

Diego Fonseca

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